jueves, 27 de septiembre de 2012

Seguridad, soberanía alimentaria y los riesgos de la privatización de la biodiversidad para los pueblos indígenas.




Seguridad, soberanía alimentaria y los riesgos de la privatización de la biodiversidad para los pueblos indígenas.

Por: Omar de J. Zapata Acevedo
Equipo de trabajo Convenio ONIC – AECID - MUNDUBAT.


Presentación

Cuando se presentaron los primeros brotes de la enfermedad denominada sigatoka negra (Mycosphaerella fijiensis) en la región de Urabá, al noroccidente colombiano, en los inicios de la década de los 80s, muchos investigadores afirmaban que había llegado un factor que habría de generar una fuerte crisis en la situación alimentaria de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas de la región del Pacífico, teniendo en cuenta la importancia de las Musáceas para la alimentación de la gente de dicha región. En ese momento, los investigadores ignoraban el potencial con el que contaban nuestras comunidades y que a la postre mostró ser la respuesta más destacada para evitar el impacto de una pandemia de la grave enfermedad y ello resultó ser la amplia base de diversidad de clones de Musáceas, muchas de ellas mostrando características de resistencia a la enfermedad y que incluidas en las asociaciones multiespecificas y multiclonales de los sistemas productivos tradicionales indígenas y afro de la región, permitieron generar una respuesta adaptativa al problema, mediante el proceso de resistencia horizontal. Por ese lado no fue la hambruna en el Pacífico y por el contrario, las musáceas siguen siendo claves en términos de seguridad y soberanía alimentaria en la región.

Otro ejemplo impactante de lo delicado de una situación como la anterior, es la hambruna en Europa, especialmente en Irlanda, a mediados del siglo XIX, que provocó la muerte de más de cien millones de personas y la diáspora migratoria de otro tanto hacia diferentes regiones del mundo, especialmente América del Norte, como consecuencia de la irrupción de la gotera de la papa (Phythoptora infestans), en los monocultivos del producto. La razón fue sencilla, cuando los europeos llevaron las primeras semillas de América hacia el viejo continente, no se percataron de considerar la diversidad de la especie y por lo tanto se genera una población bastante pobre genéticamente, vulnerable en su interacción frente al medio ambiente, con sus factores bióticos y abióticos; todos los cultivos fueron arrasados por la enfermedad y vino la hambruna generalizada.

Son solo algunos ejemplos de lo estratégico que resulta para nuestros pueblos contar con una base amplia de diversidad de especies y cultivariedades agrícolas, como soporte de los procesos productivos, especialmente en momentos de contexto problemático para dicho proceso, como son la reducción efectiva de territorios aptos para la producción agrícola; la reducción de la calidad biofísica de esos territorios y entre otros factores, los síntomas de cambio climático que se expresan hoy con más fuerza en el país. Son todos ellos factores a los cuales podremos responder con éxito, si y sólo si, se nos respeta el derecho a rescatar, conservar, reproducir, consumir, intercambiar y comercializar nuestra agrobiodiversidad, es decir, si se desecha cualquier idea normativa como UPOV 91 y cualquier clase de intento de privatización de tan preciado bien natural y cultural de nuestros pueblos.


1. Marco de afectaciones Ley 1518 de 2012

1.1.           Patrimonio genético colectivo

Un derecho fundamental de nuestros pueblos totalmente vulnerado históricamente es el derecho al respeto de la propiedad intelectual de nuestros conocimientos ancestrales y de los productos de ese conocimiento construido colectivamente. Si hoy contamos en el país con una base absolutamente amplia de especies vegetales y animales importantes para la alimentación y/o medicina humana, ello obedece a un proceso de creación fundamentada en la observación cotidiana realizada por nuestros ancestros y muy especialmente por las mujeres, que mediante prácticas de selección continua, generación tras generación, nos han legado una riqueza tan amplia como amplia ha sido la relación de los pueblos indígenas con el medio natural, reflejada en la biodiversidad y la agrobiodiversidad de los ecosistemas y agroecosistemas de nuestros territorios ancestrales. Se trata de una riqueza que ya ha sufrido fuertes golpes con la entrada en vigor del modelo de producción agropecuario capitalista, centrado en las estrategias de revolución verde, pero que hoy corren riesgos más contundentes con las dinámicas de privatización, la legislación contraria a las diversidades y las nuevas revoluciones biotecnológicas, que obligan a optar por la homogenización biocultural.

En el caso de Colombia, los pueblos indígenas hemos sido baluartes importantes en la recreación de la agrobiodiversidad en todas las regiones, desde la selva amazónica, pasando por los desiertos, los ecosistemas altoandinos, la región del Pacífico, entre otras, hasta niveles que incluso permiten categorizar algunas regiones como importantes centros de origen y/o de diversidad tanto de especies como de un gran numero de cultivariedades. Ejemplos de ello son los logros en maíz en la Región Caribe, de fríjol en la Región Cafetera, de tubérculos en la Región Altoandina, de musáceas y arroz en la Región del Pacífico, de yucas y Solanáceas en la Región Amazónica. Son muchos otros ejemplos de especies agrícolas y sus respectivas variedades, como: tomate, ají, calabazas, ñame, batatas, tabaco, maní, algodón, piña, caucho, lulo, cacao, frutales de la familia Annonaceae (guanábana, chirimoya, etc.), frutales del grupo de las Pasifloráceas (granadillas, badea, etc), aguacate y muchas más, que son producto del esfuerzo indígena de domesticación y mejoramiento.

Una política pública sobre el tema que tienda a la reducción y la privatización de un bien tan colectivo, es definitivamente un acto deplorable de violación de los derechos de los pueblos, que amerita el rechazo total de todos los sectores de la sociedad, ya que se permite la apropiación privada de las cultivariedades indígenas y de otros pueblos, bajo la figura de los obtentores vegetales, que de esa forma acceden con toda libertad a posibilidades de enajenación de unos bienes fruto del trabajo colectivo consuetudinario de nuestros pueblos, situación que es evidente en lo que impone UPOV 91.

Algunas señales de la importancia adquirida por la agrobiodiversidad en nuestras comunidades indígenas son los esfuerzos realizados en diferentes regiones para la recuperación de tan invaluables bienes. Por ejemplo, en el Resguardo de San Andrés de Sotavento y el pueblo Zenú, que nos muestran el rescate de semillas tradicionales en especies de gran importancia alimentaria (tabla 1).

Variedades de
arroz criollo
*
Variedades de arroz
forastero (criollo)
*
Variedades
de ñame
*
mono presidente
ayazo
faragua
cariaquito
fortuna
maraca
raca
ina blanco
ina mono
pollera sucia
barranquilla
a
a
e
e
a
a
e
a
a
a
e
mono liso
vichuelo
panela
azuleñeño
mono bajero
pablos montes
avioncito
manos negras
cacaíto
monito recao
coya blanco

a
a
a
a
e
a
e
a
e
e
a
pelado criollo
peludo criollo
Cartagena
pico de botella
espino
familia o azúcar
oso o manteca
malanga
tumba
mestizo
a
a
a
a
a
a
e
e
e
a
Total                       11

11

10









Variedades
de fríjol
*
Variedades
de yuca
*
Variedades
de maíz
*
Variedades
de maíz
*
pimientica
momposino
blanco cabecita
negra
momposino rojo
triste
negrito
venezolano
guandul
diablito
habichuelas
caraotas
canavalia
vitabosa
a
a
a
a
a
a
e
a
a
a
a
a
e
a
pata paloma
jardín
santanera
moniblanca
azulita
trojita
lengua venado
Efraín
cubita
yema huevo
María bonita
guarumera
venezolana
polvo la prima
cogollo rojo
María prieta
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
blanco criollo
amarillo criollo
azulito
negrito
cariaco amarillo
cariaco rojo
cariaco rayado
facaloa mohoso
tacaloa amarillo
panó
ojo de gallo
piedecita
cucaracho
cuba blanco
berrendo
cacho de buey
a
a
a
a
a
a
a
e
e
a
e
e
a
a
a
a
vela
lomo bayo amarillo
manteca
minga
sangre toro
guajiro
huevito
java
pira
pochó
pompo
venezolano
cuba hoja prieta
tusita amarillo
tusita blanco
brisa blanco
a
e
e
e
e
e
e
e
e
e
e
e
Total           12

16

16

16



Razas de
gallinas
*
Razas
de cerdos
*
Razas
de vacunos
*
chilena
riza
cinqueña
enana
copetona
pajarita
camiprieta
a
a
a
a
a
a
a
zungo
criollo peludo
casco mula
mono peludo
bolenchín
a
a
e
a
e
romosinuano
costeño con cuernos
e
e
Total                       7

5

2

* Estado de presencia de la variedad o de la raza de animales criollos = a: abundante; e: escaso.
Tomado de: GRAIN 2000.

Tabla 1. Variedades de algunos cultivos tradicionales y razas de animales criollos manejados por las comunidades indígenas y campesinas de la región Caribe.

Es un esfuerzo que incluso se respalda mediante la resolución 007 de diciembre de 2010 del pueblo Zenú, mediante el cual se declara el Resguardo Indígena de San Andrés de Sotavento, Córdoba y Sucre, como Territorio Libre de Transgénicos (TLT) en el año 2005 y se aprueban los reglamentos internos para el control de tales cultivos[1]. Incluso, de acuerdo con el más reciente estudio sobre el maíz en Colombia, es precisamente en la región Caribe y en las comunidades indígenas del pueblo Zenú donde mayor cantidad de variedades se han podido describir en el país. Igual a lo que viene ocurriendo en México, resulta todo un despropósito que precisamente en regiones de mayor diversidad se estén implementando los primeros y los más amplios procesos productivos con maíz y algodón transgenicos; algo que va a parecer muy natural hacerlo con todas nuestras cultivariedades si el gobierno aprueba la entrada en rigor de UPOV 91 en Colombia.

Del mismo modo, otro ejemplo del fruto del trabajo de los indígenas y campesinos de Colombia, más específicamente de la región Andina (zona cafetera, la Provincia García Rovira de Santander y el ecosistema de la Laguna de la Cocha en Nariño), resume parte de las especies y variedades cultivadas por algunas de las organizaciones locales, que nos muestran datos de recuperación de semillas de especies y cultivariedades fundamentales para la seguridad alimentaria de nuestros pueblos y de la sociedad colombiana en general (ver tabla 2.).

Tabla 2. Variedades locales de los cultivos manejadas por las organizaciones indígenas y campesinas de la región Andina.

Región Andina Central (zona cafetera)
Plátano banano
Maíz
Fríjol
Yuca
Caña
Medicinales
Café
Otras especies
Total var.
Total
22
20
34
19
21
38
8
29
191
Región Andina Nororiental (Santander)
Papa
Maíz
Fríjol
Habas
Trigo
Cebada
Arveja
Otras especies
Total
Total
100
8
12
13
8
5
7
16
169
Región Andina Sur (Nariño)
Papa
Maíz
Fríjol
Oca
Ulloco
Total var.




41
22
46
3
5
117




Tomado de: GRAIN 2000.[2]

Son algunos ejemplos de esfuerzos que no se pueden hechar por la borda con la aprobación de una Ley como la 1518 de 2012. Sería otra forma de legalización de la biopiratería, es decir, la extracción y explotación ilegal del conocimiento especializado que los pueblos indígenas hemos creado y acumulado sobre el uso y manejo de los bienes naturales, especialmente sobre las plantas medicinales y la agrobiodiversidad. En conclusión, se trata de la apropiación privada de los frutos de más de 10.000 años de bioprospección y creación biotecnológica realizado por nuestros pueblos.


1.2.           Patrimonio cultural y conocimiento colectivo

Es necesario resaltar que la historia evolutiva de las plantas cultivadas, es una historia de la dinámica de relacionamiento entre conocimiento y biodiversidad; entre formas de manejo de paisajes naturales y transformados; entre ecosistemas y agroecosistemas; es decir, entre cultura y territorio. Que esas interrelaciones son a su vez una forma de investigación/observación propia, acometida por todas y cada una de las personas que hacen parte de nuestros pueblos, de modo que constituye una obra eminentemente colectiva; pero algo también muy importante, constituye un bien preciado transmitido como conocimiento propio, es decir, un legado histórico colectivo que continua en nuevas fases de evolución y transmisión. No cabe duda que la apropiación y manejo de esos cambios hechos por las comunidades, son fuente inagotable de recreación de agrobiodiversidad en la forma de valor agregado generación tras generación. Tal como lo plantea Toledo[3], ¨desde una perspectiva de largo plazo (escala geológica del tiempo), la diversificación es sinónimo de evolución¨. Además, sigue afirmando el mismo autor[4], en la actualidad, es posible identificar en el planeta dos tipos principales de diversidad, la biológica y la cultural, de cuyo encuentro se derivan al menos otras dos más: la diversidad agrícola y la diversidad paisajística.

La agrobiodiversidad como patrimonio, demanda un reconocimiento del legado histórico, no sólo de disfrute de los pueblos indígenas, sino también para otros pueblos y sectores sociales para quienes nuestros recursos y conocimientos han sido fuente inestimable de opciones de seguridad y soberanía alimentaria. Sólo para mencionar un aspecto de ese beneficio, es necesario resaltar el proceso de origen y consolidación de la Agroecología como visión de vida y opción alternativa agrotecnológica, que viene constituyendo desde hace más de 3 décadas una forma de resistencia en un momento en que el modelo de revolución verde se imponía como única opción; momento en el cual dicho modelo empezaba a mostrar los impactos negativos en aspectos como la contaminación de aire, tierra y aguas con residuos tóxicos; la degradación de suelos; la reducción de agrobiodiversidad; el aumento considerable de costos de producción agropecuaria; la inseguridad alimentaria y la dependencia de productos traídos de otros lugares; entre otras.


1.3.           Seguridad, soberanía, autonomía alimentaria y salud

La agrobiodiversidad y los conocimientos tradicionales indígenas son aspectos centrales en todos los subsistemas de nuestros Sistemas Tradicionales de Producción, que a su vez constituyen el eje de nuestro proceso de resistencia social y de conservación biocultural. Son sistemas ancestrales en los cuales son evidentes por una parte, una visión integral de la gestión, uso y manejo territorial, asumiendo procesos de adaptación que conllevan la realización de diversas actividades productivas y de aprovechamiento del medio natural; una dinámica multiopcional en que se mezcla armónicamente el tiempo y el espacio, los ciclos naturales y las actividades productivas domésticas, incluyendo actividades interrelacionadas de manejo de los bosques, agricultura, producción pecuaria, caza, pesca, recolección, intercambio, con una característica que entrelaza todos estos subsistemas, como es el uso, manejo y conservación de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, fundamentados en la transmisión intergeneracional de los conocimientos para ese uso y manejo; conocimientos construidos colectivamente por todas nuestras generaciones.
Es importante destacar que el componente agrícola de los Sistemas Tradicionales de Producción de los pueblos indígenas, es clave desde todo punto de vista, ya que garantiza el acceso de las familias a sus alimentos, por el consumo directo de los productos o mediante la alimentación de animales domésticos que luego son consumidos o vendidos. Del mismo modo, es necesario destacar que los procesos productivos agrícolas se desarrollan, indistintamente entre la gran mayoría de nuestros pueblos en espacios de carácter milenario, caracterizados por una amplitud sin precedentes de arreglos  que desde la idea pertinente de la simulación de las condiciones estructurales y funcionales de los bosques y los Sistemas Agroforestales propios, han generado unos agroecosistemas altamente sustentables, forjados sobre la base del criterio de diversidad de cultivariedades.
Algunas denominaciones y/o variaciones de esos agroecosistemas son los siguientes: las chagras, los conucos, el huerto familiar, la finca econativa, el huerto habitacional del Pacífico, las dogbas o dogboro (chagra Bari), el obayare (Yukpa), el patio o huerto casero (Zenú), entre otras denominaciones y/o arreglos que, comparten como elemento estructural y funcional central a la agrobiodiversidad, es decir a la amplitud manejada de cultivariedades agrícolas y de razas de animales. En otros términos, son formas de uso de la tierra, donde es posible observar interrelación de árboles maderables, frutales o forrajeros, con cultivos agrícolas y/o animales, mediante arreglos espaciales – temporales, de bajos costos de implementación y donde se producen alimentos, frutales, maderas, plantas medicinales, materias primas para elaboración de arte indígena, entre muchas otras clases de productos.
Además de los beneficios en términos de seguridad/soberanía alimentaria y generación de ingresos, es importante señalar otros beneficios que traen en términos funcionales:
·         Beneficios de carácter económico y social. Producción de una gran variedad de productos para el autoconsumo, la comercialización y el intercambio, debido a que se sustenta en un principio agroecológico fundamental como es la promoción y preservación de la agrobiodiversidad. Por la misma razón, las comunidades pueden mejorar las condiciones en términos del intercambio y el mercadeo, por la disponibilidad de mayores niveles de diversidad en su oferta de recursos. Por el hecho de fomentarse la agrobiodiversidad, con nuestros arreglos productivos es posible adquirir otros valores intangibles como son la garantía en la calidad de nuestra alimentación, su diversidad, sus posibilidades de aporte de todos los nutrientes requeridos para nuestra vida, su inocuidad por la ausencia de uso de productos químicos tóxicos, todos ellos valores que sólo garantizan sistemas plenos de agrodiversidad.
·         Beneficios de orden ecosistemico. Esa misma agrobiodiversidad implica la reducción de riesgos en el proceso productivo, ya que las relaciones complejas ecológicas hacen tender estos sistemas a situaciones crecientes de equilibrio. Constituyen una estrategia pertinente y sostenible de manejo de la fertilidad de los suelos, ya que cumplen con la función de aprovechamiento de nutrientes a lo profundo del perfil del suelo, para generar producción y hacer disponibles nutrientes a los que no es posible acceder, por ejemplo, con un monocultivo, a través de ciclos permanentes de producción y mineralización de la materia orgánica. Lo anterior incide desde luego en el mejoramiento de las propiedades biofísicas del suelo. Se regulan las condiciones de luz, humedad, temperatura, que generan espacios adecuados para el desarrollo de las plantas, los micro y macroorganismos, las relaciones benéficas y por el contrario, inducen a situaciones de control natural de los problemas fitosanitarios. Lo anterior obedece al hecho que éstos agroecosistemas, imitan la distribución espacial de los bosques naturales, además que están asociados en forma directa e indirecta a ellos.
·         Beneficios de permanencia en el espacio y el tiempo. Nuestros agroecosistemas ofrecen beneficios que se dispersan en el tiempo, de modo que las comunidades obtienen producciones de corto, mediano y largo plazo, en uno o varios espacios productivos. Importante destacar que por ejemplo en los arreglos secuenciales de nuestros sistemas productivos, ocurren fenómenos de interrelación directa entre las cultivariedades a través de las asociaciones en policultivos o sistemas agroforestales tradicionales, así como a través de la sucesión de especies de cultivo en el espacio y tiempo, es decir, cultivariedades semestrales o anuales adecuan el espacio para la integración de cultivos bianuales y/o perennes; son diversas formas de interrelación de nuestros sistemas productivos que dependen en gran medida de nuestra base de agrobiodiversidad. Sin agrodiversidad esos sistemas no existirían, lo que sería una pena como insumo para la sociedad que quiere seguir construyendo enfoques de sostenibilidad de la gestión ambiental territorial, con soberanía alimentaria.
Como es evidente, cualquier clase de ruptura en estos componentes y relaciones significan vulneración del derecho a la alimentación, máxime si se tratase de situaciones complejas como la reducción de las semillas tradicionales, algo que ya viene ocurriendo en forma generalizada en el país después de un impacto continuado de más de 50 años de ¨revolución verde¨, pero que puede acentuarse en forma inmediata con procesos de privatización, enajenación y/o desaparición, tal como lo vemos en los dictados de la norma UPOV 91, hoy en proceso de aceptación por el gobierno colombiano.

Para los pueblos indígenas de Colombia, la conservación de la gran diversidad de especies y cultivariedades agroalimentarias se fundamenta en la utilización y consumo de todas y cada una de ellas, ya que de dicho uso siempre ha dependido el proceso de reproducción y conservación. Algunos ejemplos de las consecuencias que puede generar la reducción de esa base de agrobiodiversidad, son:

  • En el Chocó, los Embera Dovida se han reconocido por la producción de plátano de excelente calidad, especialmente las comunidades del Alto y Medio Baudó, pero en el mercado se les valora mejor e incluso algunas veces solo se les acepta producto de los clones hartón y/o dominico, lo que los obliga a optar por el establecimiento de huertos productivos que sólo incluyen plantas de éstos clones preferidos en el mercado. Esta situación ha llevado a que actualmente se presente fuerte reducción en la diversidad de clones, de modo que de un total aproximado a los 25 clones, la tendencia es la siembra y consumo de 3 o 4 de ellos. Se desaparecen muchos clones y se pierde el equilibrio de los agroecosistemas, en aspectos como sanidad vegetal, aprovechamiento integral de los suelos; que se revierte en mayores dificultades de productividad y calidad de productos, es decir, a un proceso de vulneración de la soberanía alimentaria.
  • Otro ejemplo tiene que ver con el desplazamiento violento de comunidades negras e indígenas de la región del Bajo Atrato a mediados de los años 90s, por parte de los grupos paramilitares y otros grupos armados legales e ilegales; de un momento a otro se desaparecen más de 46 variedades de arroz que existían en la región, de las cuales las comunidades han podido recuperar muy pocas, después de más de una década del retorno, lo que ha significado la reducción de oferta de semillas aptas para diferentes condiciones ecosistémicas existentes en la región y más grave aún, dependencia de insumos agrícolas cada día más demandados, especialmente para el manejo fitosanitario del cultivo.
  • En la región del Putumayo, muy cerca del centro de origen del cacao amazónico, la llegada de variedades, clones o híbridos llevados por las instituciones ha desactivado la crianza tradicional de la diversidad regional de la especie, tanto que el futuro de esa variedad empieza peligrosamente a depender en gran medida de los parientes silvestres. Por ejemplo, los pueblos indígenas de dicha región vienen alertando hace mucho tiempo sobre la desaparición paulatina de la gran diversidad de variedades nativas, como el copuazú o el maraco, este último incluso valorado por los Koreguajes, los Siona, los Kofan, los Quichuas, los Embera, entre otros pueblos de la región, como una cultivariedad de mayores calidades en aroma y sabor. Lo que se evidencia como problema más grave por la reducción de cultivariedades nativas de cacao, es definitivamente la acentuación de problemas fitosanitarios como la escoba de bruja, la moniliasis, la pudrición negra, el mal rosado, además de la proliferación de insectos dañinos. Del mismo modo, se reduce la calidad que aportaban las variedades nativas, especialmente en términos de aroma y sabor, dos valores que sólo se estiman con suficiencia en los países, especialmente europeos, que procesan en mejor forma las almendras de cacao. Es una reducción que pone en peligro la interacción genética con los parientes silvestres, aportando en la detención de los procesos de evolución natural de la especie.
  • De las más de 3000 variedades de papa reportadas por las comunidades indígenas en nuestra región andina de Suramérica, hoy existen esfuerzos aislados de recuperación, entre otros, en el liderazgo de hombres, mujeres y familias de los pueblos Nasa, Pastos, Quillasingas, las familias indígenas y campesinas de Santander del sur, del altiplano cundiboyacense y de otras regiones del país, quienes con esfuerzos muy en solitario han podido en conjunto recuperar cerca de 400 de esas variedades. Es una tarea que merece todo el apoyo, es decir, una tarea que debe estar ajena a los procesos de homogenización, como se pretende con los procesos de alteración genética, que a su vez se seguirán promoviendo y protegiendo a través de las normas de UPOV 91.
  • Es importante resaltar que muchos de los cultivos de nuestro país fueron introducidos en diferentes épocas y han tenido la posibilidad de seguir evolucionando y diversificándose a partir del manejo dado por los pueblos indígenas y comunidades campesinas, dentro de los cuales podemos destacar muchas musáceas, trigo, arroz, caña de azúcar, frutales, entre muchas otras, que han sido objeto de manejo y mejoramiento tradicional, conformándose una diversidad propia de dichas especies y grupos de especies que es importante proteger, como un aporte de diversificación de nuestros pueblos al resto del mundo y que como toda la agrobiodiversidad, constituye una base de respuesta frente al cambiante mundo.

Es necesario insistir que se sale de toda lógica el hecho que en un país como el nuestro, con la manifestación de los anteriores y otros problemas relativos a nuestra agrobiodiversidad, se de continuidad a unas políticas rurales contrarias a múltiples formas culturales que constituyen la dinámica más importante de consolidación de la seguridad y soberanía alimentaria de Colombia, quienes producimos más del 60% de los alimentos del país. Se trata de un milagro de la resistencia histórica de nuestros pueblos, para el que es vital una agrobiodiversidad y unos conocimientos tradicionales muy amplios.


1.4.           Afectaciones sociales

El tema recurrente de la mortalidad infantil tan alta entre los pueblos indígenas, nos ha llevado a una conclusión de vieja data, pero de reciente auge en términos de motivo de preocupación real y efectiva y es que existe un factor central que deriva en dicha situación, la pérdida crónica del acceso de las comunidades indígenas a los bienes naturales de sus territorios tradicionales y por ende la desactivación de sus sistemas tradicionales de producción de carácter multiopcional. En el centro de esos factores y esas consecuencias, se encuentra el eterno problema de los pueblos indígenas, su pérdida histórica de los territorios tradicionales, que desactiva los procesos productivos tradicionales agrícolas y pecuarios, que llevan a la reducción de la diversidad propia de esos sistemas, para cerrar de nuevo el ciclo de crisis alimentaria.
Es precisamente el potenciamiento de la agrobiodiversidad intra e interespecíficas uno de los principios rectores de la agroecología tradicional y no tradicional de nuestros pueblos indígenas. Nuestras comunidades dependen estrechamente de la oferta ambiental y la oferta ambiental puede ser objeto de transformación con la pérdida o degradación de los factores fundamentales de nuestra producción (agrobiodiversidad; suelos recuperados biofísicamente; conocimientos ancestrales), de modo que cualquier cambio negativo sufrido en estos aspectos, significa acentuar procesos de uso y aprovechamiento de otros bienes naturales, lo que afecta directamente a los ecosistemas. Por lo tanto, el fortalecimiento de la soberanía alimentaria es indispensable para abordar la resistencia pacífica, la conservación biocultural, que significa superar la crisis del sistema tradicional de producción, recuperando la multiopcionalidad y diversidad, disminuyendo las pérdidas postcosecha e integrando el subsistema pecuario con el agrícola, desde la activación del proceso de evolución de la agroecología tradicional de nuestros pueblos, para lo cual es fundamental que sigamos siendo libres en el manejo, reproducción, intercambio, distribución y mejoramiento de nuestras semillas tradicionales. 
Aunque no existan aún los estudios de evaluación de las causas de los procesos de extinción física y cultural de muchos de nuestros pueblos indígenas, lo que si es claro es que en ello ha tenido mucho que ver la vulneración creciente de nuestro derecho a la alimentación, asociada a la pérdida de nuestros territorios, de nuestros sistemas de producción y de nuestra agrobiodiversidad.

1.5. Biodiversidad

La diversidad ecológica, genética y cultural interactúan en los procesos de desarrollo de cada una de ellas y por supuesto, no se han dado separadamente, ni pueden tampoco entenderse pertinentemente la una aislada de la otra. La preservación y recreación de la agrobiodiversidad en unidades espaciales que las garantizan, como son los arreglos de nuestro subsistema agrícola del Sistema Tradicional de Producción, como las chagras y muchos otros arreglos, exige un conocimiento muy especializado aprendido tras milenios de experimentación y transmisión de conocimientos por generaciones sucesivas. La agrobiodiversidad que se obtiene en los espacios productivos de nuestros pueblos, como la chagra tradicional y el conocimiento adquirido desde la observación permanente de tales sistemas, permiten en una interrelación profunda que ambos aspectos estén en permanente proceso de evolución, sobre la base de las respuestas requeridas frente a los problemas productivos, tanto de índole ecosistemita, como los relacionados con el entorno socio económico en el que se desenvuelven nuestros pueblos. Hacer un acercamiento propositivo al tema de agrobiodiversidad y conocimientos, sobre la base de considerar en lo máximo posible tal diversidad en diferentes ambientes, como uno de los factores preponderantes de los procesos de evolución como respuesta a condiciones biofísicas, que junto con los procesos de manejo ancestral de esas expresiones de la vida por parte de las comunidades, hacen del nuestro un país privilegiado.

Lo anterior es de gran importancia, en el sentido que uno de los factores por los cuales nuestros pueblos han podido desde su propia biotecnología generar la agrobiodiversidad que hoy ostentamos ha sido el tener que responder con creatividad a las múltiples, a veces extrema y en términos generales, vulnerables condiciones biofísicas de nuestros respectivos territorios. Pero esa relación también ocurre en sentido inverso, por cuanto la diversidad constituye y lo va a seguir haciendo con mayor preponderancia, un factor a favor de nuestros pueblos para responder a nuevos factores biofísicos alterantes de nuestros sistemas productivos, muy especialmente al reto del proceso de cambio climático, que no está a la vuelta de la esquina, sino que ya está presente.

1.6.           El fomento de monopolios y el desabastecimiento de semillas

Los biotecnólogos comprometidos con la causa de las multinacionales, dicen que si con sólo el manejo de algunos genes de algunas plantas y/o microorganismos se generan muchos millones de dolares, entonces que con la diversidad existente en nuestro país, podríamos estar algo así como ¨sentados en una mina de nunca acabar¨. Es la gran mentira que esconde el sediento capital ante sus expectativas de sometimiento de los Estados y por esa vía, el sometimiento de nuestra sociedad y nuestros pueblos indígenas, para consolidar las pretensiones de biopiratería y acceso a nuestros recursos genéticos y los conocimientos ancestrales asociados a ellos. Lo que no nos han dicho es que ahora de lo que se trata es de sacar los dividendos de esos pocos genes que han alterado, para lo cual requieren que la sociedad rural mundial les compre los frutos de sus procesos de ¨fitomejoramiento¨ y que nos olvidemos de nuestra base genética para la producción de nuestros propios alimentos.

La aceptación de normas que propendan por la privatización de un legado colectivo como las semillas y que lleve al desestímulo de su siembra, manejo y mejoramiento tradicional, significa el fortalecimiento de un sector privado, especialmente de carácter internacional, que va a seguir monopolizando su aprovechamiento y sin duda alguna, va a seguir favoreciendo su reducción y desaparición, no teniendo en cuenta que ello implica la pérdida de unos bienes que se pueden considerar en buen grado de carácter endémico, lo que agrava dicho proceso de pérdida y las consecuencias sociales que ello implica. Por lo tanto, el problema de desabastecimiento de semillas, que hoy se asocia en mayor grado con la pérdida relacionada con la imposición histórica del modelo de revolución verde y con las posibilidades de mercadeo de muy pocas cultivariedades, de continuar el actual proceso legislativo nacional e internacional privatizador, es de esperar un proceso de acentuación hacia el futuro próximo de dicho proceso de pérdida.
Para algunos, con una visión reduccionista, tal problema se puede superar a través de los procesos de conservación ex – situ, lo cual es bastante alejado de la realidad por varias razones:
·         Una gran proporción de especies dependen para su permanencia de semillas que es muy difícil conservar en condiciones de viabilidad por largos períodos de tiempo, las cuales requieren de procesos de conservación in – situ, es decir, mediante su producción y uso continuado por parte de las comunidades.
·         La conservación de semillas en condiciones de almacenamiento detiene los procesos de interrelación y flujo genético respecto a las demás cultivariedades y respecto a los parientes silvestres, contituyendo una situación que se atraviesa a los procesos de evolución y diversificación.
·         La pérdida de semillas, así como su conservación ex – situ, favorecen el proceso de pérdida de los conocimientos tradicionales asociados a las especies, llevando a un detrimento cultural de nuestros pueblos y a profundizar procesos de vulneración del derecho a nuestra soberanía alimentaria.
1.7. A modo de conclusión y propuestas
Los recursos filogenéticos son unos bienes fundamentales para la vida de los pueblos indígenas. No se puede negar que un análisis de la problemática alimentaria de nuestros pueblos indígenas, visualizados en los procesos de hambruna, mortalidad infantil, entre otras expresiones, debe partir de la descripción de los impactos y transformaciones generados, además de la crisis de reducción territorial, por la pérdida de bienes naturales con el advenimiento de las propuestas de desarrollo impuestas por los gobiernos y el capital internacional, que llevan a la reducción de la base de agrobiodiversidad y la pérdida paulatina de los conocimientos y experticia para los procesos de producción y aprovechamiento sustentable de los bienes naturales de nuestros respectivos territorios; situación que se va a agravar con la inclusión de UPOV 91 en la política colombiana.

De acuerdo con el esquema propuesto (grafico1), es fundamental en un proceso de concertación de una política pública sobre recursos genéticos, conocimiento tradicional y acceso, romper la línea de ruptura de intereses entre los pueblos indígenas y el Estado, para lo cual es necesario tener en cuenta, entre otras, las siguientes consideraciones:



 





















Grafico 1. Esquema de la línea de imposición de intereses entre los pueblos indígenas y los mercaderes del conocimiento tradicional y los recursos genéticos.


  • [5]Una propuesta de política pública sobre conocimiento tradicional, biodiversidad y acceso a recursos genéticos, respetuosa de los derechos de los pueblos indígenas, debe ser un acuerdo salido del encuentro, reflexión y proposición de médicos y médicas tradicionales, autoridades indígenas, hombres y mujeres mayores, que se reconozcan por sus meritos en conocimiento y por su interés en el rescate, fortalecimiento y transmisión de esos conocimientos y la preservación de la biodiversidad.
  • De acuerdo con lo anterior, se debe promover una política de fortalecimiento de la medicina tradicional, del conocimiento asociado a la agrobiodiversidad y un diálogo permanente entre sabios y sabias, con población joven, que permita hacer una valoración del estado actual de la memoria con las ancianas y ancianos, que permita restablecer y consolidar los mecanismos de transmisión de conocimientos, técnicas y valores éticos a las nuevas generaciones de indígenas.
  • Además, es necesario generar una corriente de opinión entre las comunidades sobre la importancia que tiene el conocimiento ancestral para la cultura y sobre el hecho que para las multinacionales ese conocimiento representa una opción invaluable de capitalización, sobre el cual no se debe permitir ningún proceso de biopiratería.
  • No se puede olvidar que simultáneamente con los procesos de recuperación y transmisión intergeneracional de los conocimientos tradicionales, es clave igualmente generar procesos colectivos de recuperación de la biodiversidad, tanto medicinal como alimentaria y de su uso.
  • Parte del proceso de promoción del conocimiento tradicional tiene que ver con estrategias de investigación propia y de intercambio, que permita seguir generando opciones y respuestas a los problemas de salud y alimentarias actuales en los pueblos indígenas.
  • Un primer principio a considerar en los esfuerzos de definición de políticas públicas sobre conocimiento tradicional, biodiversidad y acceso a recursos genéticos es que se debe propender por el reconocimiento de la propiedad al unísono sobre lo tangible e intangible en su carácter de bienes colectivos.
  • Teniendo en cuenta que nuestra biodiversidad y conocimientos tradicionales tienen unas funciones de consolidación de calidad de vida y manejo sustentable territorial, es importante hacer mejores esfuerzos para diseñar e implementar estrategias de aprovechamiento de ellos, considerando principios como sostenibilidad económica, solidaridad e intercambio, hacia la autosuficiencia y el aprovechamiento multiopcional de los bienes naturales en los territorios indígenas.
  • Una política pública sobre biodiversidad, agrodiversidad y conocimiento tradicional, debe enfocarse hacia dinámicas de recuperación y fortalecimiento de nuestros Sistemas Tradicionales de Producción, buscando salir de los procesos actuales de crisis, evitando la llegada de procesos económicos insostenibles, de modo que se restablezcan y mejoren las estrategias tradicionales de gestión territorial a través de las actividades de cacería, pesca, recolección, agricultura diversificada, sistemas pecuarios, transformación y conservación de productos, agrobiodiversidad, culinaria propia, medicina.
  • No se puede aceptar bajo ningún punto de vista que la ciencia denominada Etnobiología, siga constituyendo una manera de acentuar y legalizar la biopiratería. Se requiere al respecto que estudios de esa naturaleza den espera a que los pueblos indígenas los definan, los prioricen y se preparen para su realización, siempre buscando que se contemplen todas las consideraciones éticas necesarias para garantizar la soberanía de los pueblos indígenas sobre sus bienes biológicos y los conocimientos tradicionales asociados a ellos, con especial énfasis en nuestra agrodiversidad.
  • Un proceso de recuperación y consolidación del conocimiento tradicional indígena requiere de esfuerzos de revaloración propia de dicho conocimiento, de ganancia de confianza, de dinámicas de reafirmación e integración de conocimientos nuevos. El intercambio a nivel de pueblos, la investigación propia y el restablecimiento de los mecanismos de transmisión intergeneracional, son hoy unas necesidades prioritarias de ser abordadas.
  • Cualquier acuerdo de los pueblos indígenas en términos de la concertación de una política pública sobre agrodiversidad y conocimiento tradicional, debe tener en cuenta un ajuste de cuentas a favor de los pueblos indígenas por los múltiples actos de biopirateria del que han sido victimas. Lo anterior implica procesos de reversión de patentes, indemnización, pactos de no repetición, entre otras medidas de contingencia.
  • Las comunidades indígenas nos debemos demostrar a si mismas que los procesos de pérdida de los conocimientos tradicionales, los recursos genéticos y la agrobiodiversidad, significan muchos males como: dificultades para garantizar los medios propios de atención de las personas enfermas; desconocimiento de las formas en que la gente puede obtener sus alimentos y otros bienes naturales sin necesidad de destruir el medio natural; la pérdida del manejo y conservación de los recursos genéticos alimentarios que lleva a la dependencia de alimentos de fuera del territorio, que vulneran nuestra autonomía alimentaria.



[1] Resguardo Indígena Zenú de San Andrés de Sotavento, Córdoba y Sucre, Colombia.  ¨Reglamento interno para el control del territorio, la biodiversidad y el conocimiento tradicional, y frente a la introducción de semillas y alimentos transgénicos¨.  1° ed. Bogotá, 2011.
[2] GRAIN (Acción Internacional por los Recursos Genéticos), Centro Internazionale Crocevia, The Swedish Society for Nature Conservation y Bread for the World. Proyecto Cultivando la Diversidad. Enero de 2000.
[3] Toledo, Víctor M. y Narciso Barrera-Bassols. 2008. La memoria biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Ed. Icaria, Barcelona. ¨La diversidad exalta la variedad, la heterogeneidad y la multiplicidad y es lo opuesto a la uniformidad. Desde una perspectiva termodinámica, el orden, que es la complejidad que existe en el universo, aumenta proporcionalmente con la diversidad, un principio que es expresado dentro de la llamada Teoría de la Información. Por esta razón, la evolución cósmica postula que la variedad aumenta a medida que aumenta el orden. La historia de la Tierra ha sido, en general, una muy larga historia de diversificación, y este proceso se ha producido a diferentes escalas, ritmos y períodos de tiempo¨.
[4] Ibidem. ¨ La diversidad cultural incluye, a su vez, tres modalidades de heterogeneidad: la genética, la lingüística y la cognitiva.., en tanto que la diversidad biológica suele expresarse en cuatro niveles: el de los paisajes (naturales), el de los hábitats, el de las especies y el de los genomas¨.
[5] Zapata, Omar. (2011). Informe: Ideas y conceptos para el análisis y la incidencia en políticas sobre conocimiento tradicional y acceso a recursos genéticos, desde las comunidades indígenas: El conocimiento tradicional en disputa. ONIC: Convenio ONIC – Aecid – Mundubat; Bogotá, pgs. 7 – 8.

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