Seguridad, soberanía
alimentaria y los riesgos de la privatización de la biodiversidad para los
pueblos indígenas.
Por:
Omar de J. Zapata Acevedo
Equipo
de trabajo Convenio ONIC – AECID - MUNDUBAT.
Presentación
Cuando se presentaron los primeros brotes de la
enfermedad denominada sigatoka negra (Mycosphaerella fijiensis) en la región de
Urabá, al noroccidente colombiano, en los inicios de la década de los 80s,
muchos investigadores afirmaban que había llegado un factor que habría de
generar una fuerte crisis en la situación alimentaria de las comunidades
indígenas, afrodescendientes y campesinas de la región del Pacífico, teniendo
en cuenta la importancia de las Musáceas para la alimentación de la gente de
dicha región. En ese momento, los investigadores ignoraban el potencial con el
que contaban nuestras comunidades y que a la postre mostró ser la respuesta más
destacada para evitar el impacto de una pandemia de la grave enfermedad y ello
resultó ser la amplia base de diversidad de clones de Musáceas, muchas de ellas
mostrando características de resistencia a la enfermedad y que incluidas en las
asociaciones multiespecificas y multiclonales de los sistemas productivos tradicionales
indígenas y afro de la región, permitieron generar una respuesta adaptativa al
problema, mediante el proceso de resistencia horizontal. Por ese lado no fue la
hambruna en el Pacífico y por el contrario, las musáceas siguen siendo claves
en términos de seguridad y soberanía alimentaria en la región.
Otro ejemplo impactante de lo delicado de una
situación como la anterior, es la hambruna en Europa, especialmente en Irlanda,
a mediados del siglo XIX, que provocó la muerte de más de cien millones de
personas y la diáspora migratoria de otro tanto hacia diferentes regiones del
mundo, especialmente América del Norte, como consecuencia de la irrupción de la
gotera de la papa (Phythoptora infestans), en los monocultivos del
producto. La razón fue sencilla, cuando los europeos llevaron las primeras
semillas de América hacia el viejo continente, no se percataron de considerar
la diversidad de la especie y por lo tanto se genera una población bastante
pobre genéticamente, vulnerable en su interacción frente al medio ambiente, con
sus factores bióticos y abióticos; todos los cultivos fueron arrasados por la
enfermedad y vino la hambruna generalizada.
Son solo algunos ejemplos de lo estratégico que
resulta para nuestros pueblos contar con una base amplia de diversidad de
especies y cultivariedades agrícolas, como soporte de los procesos productivos,
especialmente en momentos de contexto problemático para dicho proceso, como son
la reducción efectiva de territorios aptos para la producción agrícola; la
reducción de la calidad biofísica de esos territorios y entre otros factores,
los síntomas de cambio climático que se expresan hoy con más fuerza en el país.
Son todos ellos factores a los cuales podremos responder con éxito, si y sólo
si, se nos respeta el derecho a rescatar, conservar, reproducir, consumir,
intercambiar y comercializar nuestra agrobiodiversidad, es decir, si se desecha
cualquier idea normativa como UPOV 91 y cualquier clase de intento de
privatización de tan preciado bien natural y cultural de nuestros pueblos.
1. Marco de afectaciones Ley
1518 de 2012
1.1.
Patrimonio genético colectivo
Un derecho fundamental de nuestros pueblos totalmente
vulnerado históricamente es el derecho al respeto de la propiedad intelectual
de nuestros conocimientos ancestrales y de los productos de ese conocimiento
construido colectivamente. Si hoy contamos en el país con una base
absolutamente amplia de especies vegetales y animales importantes para la
alimentación y/o medicina humana, ello obedece a un proceso de creación
fundamentada en la observación cotidiana realizada por nuestros ancestros y muy
especialmente por las mujeres, que mediante prácticas de selección continua,
generación tras generación, nos han legado una riqueza tan amplia como amplia
ha sido la relación de los pueblos indígenas con el medio natural, reflejada en
la biodiversidad y la agrobiodiversidad de los ecosistemas y agroecosistemas de
nuestros territorios ancestrales. Se trata de una riqueza que ya ha sufrido
fuertes golpes con la entrada en vigor del modelo de producción agropecuario
capitalista, centrado en las estrategias de revolución verde, pero que hoy
corren riesgos más contundentes con las dinámicas de privatización, la
legislación contraria a las diversidades y las nuevas revoluciones
biotecnológicas, que obligan a optar por la homogenización biocultural.
En
el caso de Colombia, los pueblos indígenas hemos sido baluartes importantes en
la recreación de la agrobiodiversidad en todas las regiones, desde la selva
amazónica, pasando por los desiertos, los ecosistemas altoandinos, la región
del Pacífico, entre otras, hasta niveles que incluso permiten categorizar
algunas regiones como importantes centros de origen y/o de diversidad tanto de
especies como de un gran numero de cultivariedades. Ejemplos de ello son los
logros en maíz en la Región Caribe, de fríjol en la Región Cafetera, de
tubérculos en la Región Altoandina, de musáceas y arroz en la Región del
Pacífico, de yucas y Solanáceas en la Región Amazónica. Son muchos otros
ejemplos de especies agrícolas y sus respectivas variedades, como: tomate, ají,
calabazas, ñame, batatas, tabaco, maní, algodón, piña, caucho, lulo, cacao, frutales
de la familia Annonaceae (guanábana, chirimoya, etc.), frutales del grupo de
las Pasifloráceas (granadillas, badea, etc), aguacate y muchas más, que son
producto del esfuerzo indígena de domesticación y mejoramiento.
Una política pública sobre el tema que tienda a la
reducción y la privatización de un bien tan colectivo, es definitivamente un
acto deplorable de violación de los derechos de los pueblos, que amerita el
rechazo total de todos los sectores de la sociedad, ya que se permite la apropiación privada
de las cultivariedades indígenas y de otros pueblos, bajo la figura de los
obtentores vegetales, que de esa forma acceden con toda libertad a
posibilidades de enajenación de unos bienes fruto del trabajo colectivo
consuetudinario de nuestros pueblos, situación que es evidente en lo que impone
UPOV 91.
Algunas señales de la importancia adquirida por la
agrobiodiversidad en nuestras comunidades indígenas son los esfuerzos
realizados en diferentes regiones para la recuperación de tan invaluables
bienes. Por ejemplo, en el Resguardo de San Andrés de Sotavento y el pueblo
Zenú, que nos muestran el rescate de semillas tradicionales en especies de gran
importancia alimentaria (tabla 1).
Variedades de
arroz criollo
|
*
|
Variedades de arroz
forastero (criollo)
|
*
|
Variedades
de ñame
|
*
|
mono presidente
ayazo
faragua
cariaquito
fortuna
maraca
raca
ina blanco
ina mono
pollera
sucia
barranquilla
|
a
a
e
e
a
a
e
a
a
a
e
|
mono liso
vichuelo
panela
azuleñeño
mono bajero
pablos
montes
avioncito
manos negras
cacaíto
monito recao
coya blanco
|
a
a
a
a
e
a
e
a
e
e
a
|
pelado
criollo
peludo
criollo
Cartagena
pico de
botella
espino
familia o
azúcar
oso o
manteca
malanga
tumba
mestizo
|
a
a
a
a
a
a
e
e
e
a
|
Total 11
|
11
|
10
|
|||
Variedades
de fríjol
|
*
|
Variedades
de yuca
|
*
|
Variedades
de maíz
|
*
|
Variedades
de maíz
|
*
|
pimientica
momposino
blanco
cabecita
negra
momposino
rojo
triste
negrito
venezolano
guandul
diablito
habichuelas
caraotas
canavalia
vitabosa
|
a
a
a
a
a
a
e
a
a
a
a
a
e
a
|
pata paloma
jardín
santanera
moniblanca
azulita
trojita
lengua
venado
Efraín
cubita
yema huevo
María bonita
guarumera
venezolana
polvo la
prima
cogollo rojo
María prieta
|
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
a
|
blanco
criollo
amarillo
criollo
azulito
negrito
cariaco
amarillo
cariaco rojo
cariaco
rayado
facaloa
mohoso
tacaloa
amarillo
panó
ojo de gallo
piedecita
cucaracho
cuba blanco
berrendo
cacho de buey
|
a
a
a
a
a
a
a
e
e
a
e
e
a
a
a
a
|
vela
lomo bayo
amarillo
manteca
minga
sangre toro
guajiro
huevito
java
pira
pochó
pompo
venezolano
cuba hoja
prieta
tusita
amarillo
tusita
blanco
brisa blanco
|
a
e
e
e
e
e
e
e
e
e
e
e
|
Total 12
|
16
|
16
|
16
|
Razas de
gallinas
|
*
|
Razas
de cerdos
|
*
|
Razas
de vacunos
|
*
|
chilena
riza
cinqueña
enana
copetona
pajarita
camiprieta
|
a
a
a
a
a
a
a
|
zungo
criollo
peludo
casco mula
mono peludo
bolenchín
|
a
a
e
a
e
|
romosinuano
costeño con cuernos
|
e
e
|
Total
7
|
5
|
2
|
* Estado de
presencia de la variedad o de la raza de animales criollos = a: abundante; e:
escaso.
Tomado de: GRAIN
2000.
Tabla 1. Variedades de algunos cultivos tradicionales y razas de
animales criollos manejados por las comunidades indígenas y campesinas de la región
Caribe.
Es un esfuerzo que incluso se respalda mediante la
resolución 007 de diciembre de 2010 del pueblo Zenú, mediante el cual se
declara el Resguardo Indígena de San Andrés de Sotavento, Córdoba y Sucre, como
Territorio Libre de Transgénicos (TLT) en el año 2005 y se aprueban los
reglamentos internos para el control de tales cultivos[1].
Incluso, de acuerdo con el más reciente estudio sobre el maíz en Colombia, es
precisamente en la región Caribe y en las comunidades indígenas del pueblo Zenú
donde mayor cantidad de variedades se han podido describir en el país. Igual a
lo que viene ocurriendo en México, resulta todo un despropósito que
precisamente en regiones de mayor diversidad se estén implementando los
primeros y los más amplios procesos productivos con maíz y algodón transgenicos;
algo que va a parecer muy natural hacerlo con todas nuestras cultivariedades si
el gobierno aprueba la entrada en rigor de UPOV 91 en Colombia.
Del mismo modo,
otro ejemplo del fruto del trabajo de los indígenas y campesinos de Colombia,
más específicamente de la región Andina (zona cafetera, la Provincia
García Rovira de Santander y el ecosistema de la Laguna de la Cocha en Nariño),
resume parte de las especies y variedades cultivadas por algunas de las
organizaciones locales, que
nos muestran datos de recuperación de semillas de especies y cultivariedades
fundamentales para la seguridad alimentaria de nuestros pueblos y de la
sociedad colombiana en general (ver tabla 2.).
Tabla 2.
Variedades locales de los cultivos manejadas por las organizaciones indígenas y
campesinas de la región Andina.
Región Andina Central (zona cafetera)
|
Plátano banano
|
Maíz
|
Fríjol
|
Yuca
|
Caña
|
Medicinales
|
Café
|
Otras especies
|
Total var.
|
Total
|
22
|
20
|
34
|
19
|
21
|
38
|
8
|
29
|
191
|
Región Andina Nororiental (Santander)
|
Papa
|
Maíz
|
Fríjol
|
Habas
|
Trigo
|
Cebada
|
Arveja
|
Otras especies
|
Total
|
Total
|
100
|
8
|
12
|
13
|
8
|
5
|
7
|
16
|
169
|
Región Andina Sur (Nariño)
|
Papa
|
Maíz
|
Fríjol
|
Oca
|
Ulloco
|
Total var.
|
|||
41
|
22
|
46
|
3
|
5
|
117
|
Tomado de: GRAIN 2000.[2]
Son algunos
ejemplos de esfuerzos que no se pueden hechar por la borda con la aprobación de
una Ley como la 1518 de 2012. Sería
otra forma de legalización de la biopiratería, es decir, la extracción y
explotación ilegal del conocimiento especializado que los pueblos indígenas
hemos creado y acumulado sobre el uso y manejo de los bienes naturales,
especialmente sobre las plantas medicinales y la agrobiodiversidad. En
conclusión, se trata de la apropiación privada de los frutos de más de 10.000
años de bioprospección y creación biotecnológica realizado por nuestros
pueblos.
1.2.
Patrimonio cultural y conocimiento
colectivo
Es necesario resaltar que la historia evolutiva de las plantas
cultivadas, es una historia de la dinámica de relacionamiento entre conocimiento
y biodiversidad; entre formas de manejo de paisajes naturales y transformados;
entre ecosistemas y agroecosistemas; es decir, entre cultura y territorio. Que
esas interrelaciones son a su vez una forma de investigación/observación
propia, acometida por todas y cada una de las personas que hacen parte de
nuestros pueblos, de modo que constituye una obra eminentemente colectiva; pero
algo también muy importante, constituye un bien preciado transmitido como
conocimiento propio, es decir, un legado histórico colectivo que continua en
nuevas fases de evolución y transmisión. No cabe duda que la apropiación y
manejo de esos cambios hechos por las comunidades, son fuente inagotable de
recreación de agrobiodiversidad en la forma de valor agregado generación tras
generación. Tal como lo plantea Toledo[3], ¨desde
una perspectiva de largo plazo (escala geológica del tiempo), la
diversificación es sinónimo de evolución¨. Además, sigue afirmando el mismo autor[4], en la actualidad,
es posible identificar en el planeta dos tipos principales de diversidad, la
biológica y la cultural, de cuyo encuentro se derivan al menos otras dos más:
la diversidad agrícola y la diversidad paisajística.
La agrobiodiversidad como patrimonio, demanda un
reconocimiento del legado histórico, no sólo de disfrute de los pueblos
indígenas, sino también para otros pueblos y sectores sociales para quienes
nuestros recursos y conocimientos han sido fuente inestimable de opciones de
seguridad y soberanía alimentaria. Sólo para mencionar un aspecto de ese beneficio,
es necesario resaltar el proceso de origen y consolidación de la Agroecología como
visión de vida y opción alternativa agrotecnológica, que viene constituyendo
desde hace más de 3 décadas una forma de resistencia en un momento en que el
modelo de revolución verde se imponía como única opción; momento en el cual
dicho modelo empezaba a mostrar los impactos negativos en aspectos como la
contaminación de aire, tierra y aguas con residuos tóxicos; la degradación de
suelos; la reducción de agrobiodiversidad; el aumento considerable de costos de
producción agropecuaria; la inseguridad alimentaria y la dependencia de
productos traídos de otros lugares; entre otras.
1.3.
Seguridad, soberanía, autonomía
alimentaria y salud
La agrobiodiversidad y los conocimientos
tradicionales indígenas son aspectos centrales en todos los subsistemas de
nuestros Sistemas Tradicionales de Producción, que a su vez constituyen el eje
de nuestro proceso de resistencia social y de conservación biocultural. Son sistemas
ancestrales en los cuales son evidentes por una parte, una visión integral de
la gestión, uso y manejo territorial, asumiendo procesos de adaptación que
conllevan la realización de diversas actividades productivas y de aprovechamiento
del medio natural; una dinámica multiopcional en que se mezcla armónicamente el
tiempo y el espacio, los ciclos naturales y las actividades productivas
domésticas, incluyendo actividades interrelacionadas de manejo de los bosques, agricultura,
producción pecuaria, caza, pesca, recolección, intercambio, con una
característica que entrelaza todos estos subsistemas, como es el uso, manejo y
conservación de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, fundamentados en la
transmisión intergeneracional de los conocimientos para ese uso y manejo;
conocimientos construidos colectivamente por todas nuestras generaciones.
Es importante destacar que el componente agrícola de
los Sistemas Tradicionales de Producción de los pueblos indígenas, es clave
desde todo punto de vista, ya que garantiza el acceso de las familias a sus
alimentos, por el consumo directo de los productos o mediante la alimentación
de animales domésticos que luego son consumidos o vendidos. Del mismo modo, es
necesario destacar que los procesos productivos agrícolas se desarrollan,
indistintamente entre la gran mayoría de nuestros pueblos en espacios de carácter
milenario, caracterizados por una amplitud sin precedentes de arreglos que desde la idea pertinente de la simulación
de las condiciones estructurales y funcionales de los bosques y los Sistemas
Agroforestales propios, han generado unos agroecosistemas altamente sustentables,
forjados sobre la base del criterio de diversidad de cultivariedades.
Algunas denominaciones y/o variaciones de esos
agroecosistemas son los siguientes: las chagras, los conucos, el huerto
familiar, la finca econativa, el huerto habitacional del Pacífico, las dogbas o
dogboro (chagra Bari), el obayare (Yukpa), el patio o huerto casero (Zenú), entre
otras denominaciones y/o arreglos que, comparten
como elemento estructural y funcional central a la agrobiodiversidad, es
decir a la amplitud manejada de cultivariedades agrícolas y de razas de
animales. En otros términos, son formas de uso de la tierra, donde es posible
observar interrelación de árboles maderables, frutales o forrajeros, con cultivos
agrícolas y/o animales, mediante arreglos espaciales – temporales, de bajos
costos de implementación y donde se producen alimentos, frutales, maderas, plantas
medicinales, materias primas para elaboración de arte indígena, entre muchas
otras clases de productos.
Además de los beneficios en términos de seguridad/soberanía
alimentaria y generación de ingresos, es importante señalar otros beneficios
que traen en términos funcionales:
·
Beneficios de carácter económico y social.
Producción de una gran
variedad de productos para el autoconsumo, la comercialización y el
intercambio, debido a que se sustenta en un principio agroecológico fundamental
como es la promoción y preservación de la agrobiodiversidad. Por la misma
razón, las comunidades pueden mejorar las condiciones en términos del
intercambio y el mercadeo, por la disponibilidad de mayores niveles de
diversidad en su oferta de recursos. Por el hecho de fomentarse la
agrobiodiversidad, con nuestros arreglos productivos es posible adquirir otros
valores intangibles como son la garantía en la calidad de nuestra alimentación,
su diversidad, sus posibilidades de aporte de todos los nutrientes requeridos
para nuestra vida, su inocuidad por la ausencia de uso de productos químicos
tóxicos, todos ellos valores que sólo garantizan sistemas plenos de
agrodiversidad.
·
Beneficios de orden ecosistemico. Esa misma agrobiodiversidad implica la
reducción de riesgos en el proceso productivo, ya que las relaciones complejas
ecológicas hacen tender estos sistemas a situaciones crecientes de equilibrio. Constituyen una estrategia pertinente
y sostenible de manejo de la fertilidad de los suelos, ya que cumplen con la
función de aprovechamiento de nutrientes a lo profundo del perfil del suelo,
para generar producción y hacer disponibles nutrientes a los que no es posible
acceder, por ejemplo, con un monocultivo, a través de ciclos permanentes de
producción y mineralización de la materia orgánica. Lo anterior incide desde
luego en el mejoramiento de las propiedades biofísicas del suelo. Se regulan las condiciones de luz,
humedad, temperatura, que generan espacios adecuados para el desarrollo de las
plantas, los micro y macroorganismos, las relaciones benéficas y por el
contrario, inducen a situaciones de control natural de los problemas
fitosanitarios. Lo anterior obedece al hecho que éstos agroecosistemas, imitan
la distribución espacial de los bosques naturales, además que están asociados
en forma directa e indirecta a ellos.
·
Beneficios de permanencia en el espacio y
el tiempo. Nuestros
agroecosistemas ofrecen beneficios que se dispersan en el tiempo, de modo que
las comunidades obtienen producciones de corto, mediano y largo plazo, en uno o
varios espacios productivos. Importante destacar que por ejemplo en los
arreglos secuenciales de nuestros sistemas productivos, ocurren fenómenos de
interrelación directa entre las cultivariedades a través de las asociaciones en
policultivos o sistemas agroforestales tradicionales, así como a través de la
sucesión de especies de cultivo en el espacio y tiempo, es decir,
cultivariedades semestrales o anuales adecuan el espacio para la integración de
cultivos bianuales y/o perennes; son diversas formas de interrelación de
nuestros sistemas productivos que dependen en gran medida de nuestra base de
agrobiodiversidad. Sin agrodiversidad esos sistemas no existirían, lo que sería
una pena como insumo para la sociedad que quiere seguir construyendo enfoques
de sostenibilidad de la gestión ambiental territorial, con soberanía
alimentaria.
Como es evidente, cualquier clase de ruptura en estos
componentes y relaciones significan vulneración del derecho a la alimentación,
máxime si se tratase de situaciones complejas como la reducción de las semillas
tradicionales, algo que ya viene ocurriendo en forma generalizada en el país
después de un impacto continuado de más de 50 años de ¨revolución verde¨, pero
que puede acentuarse en forma inmediata con procesos de privatización,
enajenación y/o desaparición, tal como lo vemos en los dictados de la norma
UPOV 91, hoy en proceso de aceptación por el gobierno colombiano.
Para los pueblos indígenas de Colombia, la
conservación de la gran diversidad de especies y cultivariedades
agroalimentarias se fundamenta en la utilización y consumo de todas y cada una
de ellas, ya que de dicho uso siempre ha dependido el proceso de reproducción y
conservación. Algunos ejemplos de las consecuencias que puede generar la
reducción de esa base de agrobiodiversidad, son:
- En el Chocó, los Embera Dovida se han reconocido por la producción de plátano de excelente calidad, especialmente las comunidades del Alto y Medio Baudó, pero en el mercado se les valora mejor e incluso algunas veces solo se les acepta producto de los clones hartón y/o dominico, lo que los obliga a optar por el establecimiento de huertos productivos que sólo incluyen plantas de éstos clones preferidos en el mercado. Esta situación ha llevado a que actualmente se presente fuerte reducción en la diversidad de clones, de modo que de un total aproximado a los 25 clones, la tendencia es la siembra y consumo de 3 o 4 de ellos. Se desaparecen muchos clones y se pierde el equilibrio de los agroecosistemas, en aspectos como sanidad vegetal, aprovechamiento integral de los suelos; que se revierte en mayores dificultades de productividad y calidad de productos, es decir, a un proceso de vulneración de la soberanía alimentaria.
- Otro ejemplo tiene que ver con el desplazamiento violento de comunidades negras e indígenas de la región del Bajo Atrato a mediados de los años 90s, por parte de los grupos paramilitares y otros grupos armados legales e ilegales; de un momento a otro se desaparecen más de 46 variedades de arroz que existían en la región, de las cuales las comunidades han podido recuperar muy pocas, después de más de una década del retorno, lo que ha significado la reducción de oferta de semillas aptas para diferentes condiciones ecosistémicas existentes en la región y más grave aún, dependencia de insumos agrícolas cada día más demandados, especialmente para el manejo fitosanitario del cultivo.
- En la región del Putumayo, muy cerca del centro de origen del cacao amazónico, la llegada de variedades, clones o híbridos llevados por las instituciones ha desactivado la crianza tradicional de la diversidad regional de la especie, tanto que el futuro de esa variedad empieza peligrosamente a depender en gran medida de los parientes silvestres. Por ejemplo, los pueblos indígenas de dicha región vienen alertando hace mucho tiempo sobre la desaparición paulatina de la gran diversidad de variedades nativas, como el copuazú o el maraco, este último incluso valorado por los Koreguajes, los Siona, los Kofan, los Quichuas, los Embera, entre otros pueblos de la región, como una cultivariedad de mayores calidades en aroma y sabor. Lo que se evidencia como problema más grave por la reducción de cultivariedades nativas de cacao, es definitivamente la acentuación de problemas fitosanitarios como la escoba de bruja, la moniliasis, la pudrición negra, el mal rosado, además de la proliferación de insectos dañinos. Del mismo modo, se reduce la calidad que aportaban las variedades nativas, especialmente en términos de aroma y sabor, dos valores que sólo se estiman con suficiencia en los países, especialmente europeos, que procesan en mejor forma las almendras de cacao. Es una reducción que pone en peligro la interacción genética con los parientes silvestres, aportando en la detención de los procesos de evolución natural de la especie.
- De las más de 3000 variedades de papa reportadas por las comunidades indígenas en nuestra región andina de Suramérica, hoy existen esfuerzos aislados de recuperación, entre otros, en el liderazgo de hombres, mujeres y familias de los pueblos Nasa, Pastos, Quillasingas, las familias indígenas y campesinas de Santander del sur, del altiplano cundiboyacense y de otras regiones del país, quienes con esfuerzos muy en solitario han podido en conjunto recuperar cerca de 400 de esas variedades. Es una tarea que merece todo el apoyo, es decir, una tarea que debe estar ajena a los procesos de homogenización, como se pretende con los procesos de alteración genética, que a su vez se seguirán promoviendo y protegiendo a través de las normas de UPOV 91.
- Es importante resaltar que muchos de los cultivos de nuestro país fueron introducidos en diferentes épocas y han tenido la posibilidad de seguir evolucionando y diversificándose a partir del manejo dado por los pueblos indígenas y comunidades campesinas, dentro de los cuales podemos destacar muchas musáceas, trigo, arroz, caña de azúcar, frutales, entre muchas otras, que han sido objeto de manejo y mejoramiento tradicional, conformándose una diversidad propia de dichas especies y grupos de especies que es importante proteger, como un aporte de diversificación de nuestros pueblos al resto del mundo y que como toda la agrobiodiversidad, constituye una base de respuesta frente al cambiante mundo.
Es necesario insistir que se sale de toda lógica el
hecho que en un país como el nuestro, con la manifestación de los anteriores y
otros problemas relativos a nuestra agrobiodiversidad, se de continuidad a unas
políticas rurales contrarias a múltiples formas culturales que constituyen la
dinámica más importante de consolidación de la seguridad y soberanía
alimentaria de Colombia, quienes producimos más del 60% de los alimentos del
país. Se trata de un milagro de la resistencia histórica de nuestros pueblos, para
el que es vital una agrobiodiversidad y unos conocimientos tradicionales muy
amplios.
1.4.
Afectaciones sociales
El tema recurrente de la mortalidad infantil tan alta
entre los pueblos indígenas, nos ha llevado a una conclusión de vieja data,
pero de reciente auge en términos de motivo de preocupación real y efectiva y
es que existe un factor central que deriva en dicha situación, la pérdida
crónica del acceso de las comunidades indígenas a los bienes naturales de sus
territorios tradicionales y por ende la desactivación de sus sistemas
tradicionales de producción de carácter multiopcional. En el centro de esos
factores y esas consecuencias, se encuentra el eterno problema de los pueblos
indígenas, su pérdida histórica de los territorios tradicionales, que desactiva
los procesos productivos tradicionales agrícolas y pecuarios, que llevan a la
reducción de la diversidad propia de esos sistemas, para cerrar de nuevo el
ciclo de crisis alimentaria.
Es precisamente el
potenciamiento de la agrobiodiversidad intra e interespecíficas uno de los
principios rectores de la agroecología tradicional y no tradicional de nuestros
pueblos indígenas. Nuestras comunidades dependen estrechamente de la oferta
ambiental y la oferta ambiental puede ser objeto de transformación con la
pérdida o degradación de los factores fundamentales de nuestra producción
(agrobiodiversidad; suelos recuperados biofísicamente; conocimientos
ancestrales), de modo que cualquier cambio negativo sufrido en estos aspectos,
significa acentuar procesos de uso y aprovechamiento de otros bienes naturales,
lo que afecta directamente a los ecosistemas. Por lo tanto, el fortalecimiento
de la soberanía alimentaria es indispensable para abordar la resistencia pacífica,
la conservación biocultural, que significa superar la crisis del sistema
tradicional de producción, recuperando la multiopcionalidad y diversidad,
disminuyendo las pérdidas postcosecha e integrando el subsistema pecuario con
el agrícola, desde la activación del proceso de evolución de la agroecología
tradicional de nuestros pueblos, para lo cual es fundamental que sigamos siendo
libres en el manejo, reproducción, intercambio, distribución y mejoramiento de
nuestras semillas tradicionales.
Aunque no existan aún los
estudios de evaluación de las causas de los procesos de extinción física y
cultural de muchos de nuestros pueblos indígenas, lo que si es claro es que en
ello ha tenido mucho que ver la vulneración creciente de nuestro derecho a la
alimentación, asociada a la pérdida de nuestros territorios, de nuestros
sistemas de producción y de nuestra agrobiodiversidad.
1.5.
Biodiversidad
La diversidad ecológica, genética y cultural
interactúan en los procesos de desarrollo de cada una de ellas y por supuesto, no
se han dado separadamente, ni pueden tampoco entenderse pertinentemente la una
aislada de la otra. La preservación y recreación de la agrobiodiversidad
en unidades espaciales que las garantizan, como son los arreglos de nuestro
subsistema agrícola del Sistema Tradicional de Producción, como las chagras y
muchos otros arreglos, exige un conocimiento muy especializado aprendido tras
milenios de experimentación y transmisión de conocimientos por generaciones
sucesivas. La agrobiodiversidad que se obtiene en los espacios productivos de
nuestros pueblos, como la chagra tradicional y el conocimiento adquirido desde
la observación permanente de tales sistemas, permiten en una interrelación
profunda que ambos aspectos estén en permanente proceso de evolución, sobre la
base de las respuestas requeridas frente a los problemas productivos, tanto de
índole ecosistemita, como los relacionados con el entorno socio económico en el
que se desenvuelven nuestros pueblos. Hacer un acercamiento propositivo al tema
de agrobiodiversidad y conocimientos, sobre la base de considerar en lo máximo
posible tal diversidad en diferentes ambientes, como uno de los factores
preponderantes de los procesos de evolución como respuesta a condiciones
biofísicas, que junto con los procesos de manejo ancestral de esas expresiones
de la vida por parte de las comunidades, hacen del nuestro un país
privilegiado.
Lo anterior es de gran
importancia, en el sentido que uno de los factores por los cuales nuestros
pueblos han podido desde su propia biotecnología generar la agrobiodiversidad
que hoy ostentamos ha sido el tener que responder con creatividad a las
múltiples, a veces extrema y en términos generales, vulnerables condiciones
biofísicas de nuestros respectivos territorios. Pero esa relación también
ocurre en sentido inverso, por cuanto la diversidad constituye y lo va a seguir
haciendo con mayor preponderancia, un factor a favor de nuestros pueblos para
responder a nuevos factores biofísicos alterantes de nuestros sistemas
productivos, muy especialmente al reto del proceso de cambio climático, que no
está a la vuelta de la esquina, sino que ya está presente.
1.6.
El fomento de monopolios y el desabastecimiento
de semillas
Los biotecnólogos comprometidos con la causa de las
multinacionales, dicen que si con sólo el manejo de algunos genes de algunas
plantas y/o microorganismos se generan muchos millones de dolares, entonces que
con la diversidad existente en nuestro país, podríamos estar algo así como
¨sentados en una mina de nunca acabar¨. Es la gran mentira que esconde el
sediento capital ante sus expectativas de sometimiento de los Estados y por esa
vía, el sometimiento de nuestra sociedad y nuestros pueblos indígenas, para
consolidar las pretensiones de biopiratería y acceso a nuestros recursos
genéticos y los conocimientos ancestrales asociados a ellos. Lo que no nos han
dicho es que ahora de lo que se trata es de sacar los dividendos de esos pocos
genes que han alterado, para lo cual requieren que la sociedad rural mundial
les compre los frutos de sus procesos de ¨fitomejoramiento¨ y que nos olvidemos
de nuestra base genética para la producción de nuestros propios alimentos.
La aceptación de normas que propendan por la
privatización de un legado colectivo como las semillas y que lleve al desestímulo
de su siembra, manejo y mejoramiento tradicional, significa el fortalecimiento
de un sector privado, especialmente de carácter internacional, que va a seguir
monopolizando su aprovechamiento y sin duda alguna, va a seguir favoreciendo su
reducción y desaparición, no teniendo en cuenta que ello implica la pérdida de
unos bienes que se pueden considerar en buen grado de carácter endémico, lo que
agrava dicho proceso de pérdida y las consecuencias sociales que ello implica. Por
lo tanto, el problema de desabastecimiento de semillas, que hoy se asocia en
mayor grado con la pérdida relacionada con la imposición histórica del modelo
de revolución verde y con las posibilidades de mercadeo de muy pocas
cultivariedades, de continuar el actual proceso legislativo nacional e
internacional privatizador, es de esperar un proceso de acentuación hacia el
futuro próximo de dicho proceso de pérdida.
Para
algunos, con una visión reduccionista, tal problema se puede superar a través
de los procesos de conservación ex – situ, lo cual es bastante alejado de la
realidad por varias razones:
·
Una
gran proporción de especies dependen para su permanencia de semillas que es muy
difícil conservar en condiciones de viabilidad por largos períodos de tiempo,
las cuales requieren de procesos de conservación in – situ, es decir, mediante
su producción y uso continuado por parte de las comunidades.
·
La
conservación de semillas en condiciones de almacenamiento detiene los procesos
de interrelación y flujo genético respecto a las demás cultivariedades y
respecto a los parientes silvestres, contituyendo una situación que se
atraviesa a los procesos de evolución y diversificación.
·
La
pérdida de semillas, así como su conservación ex – situ, favorecen el proceso
de pérdida de los conocimientos tradicionales asociados a las especies,
llevando a un detrimento cultural de nuestros pueblos y a profundizar procesos
de vulneración del derecho a nuestra soberanía alimentaria.
1.7. A modo de conclusión y propuestas
Los recursos filogenéticos son unos bienes
fundamentales para la vida de los pueblos indígenas. No se puede negar que un
análisis de la problemática alimentaria de nuestros pueblos indígenas,
visualizados en los procesos de hambruna, mortalidad infantil, entre otras
expresiones, debe partir de la descripción de los impactos y transformaciones
generados, además de la crisis de reducción territorial, por la pérdida de
bienes naturales con el advenimiento de las propuestas de desarrollo impuestas
por los gobiernos y el capital internacional, que llevan a la reducción de la
base de agrobiodiversidad y la pérdida paulatina de los conocimientos y
experticia para los procesos de producción y aprovechamiento sustentable de los
bienes naturales de nuestros respectivos territorios; situación que se va a agravar
con la inclusión de UPOV 91 en la política colombiana.
De acuerdo con el esquema
propuesto (grafico1), es fundamental en un proceso de concertación de una
política pública sobre recursos genéticos, conocimiento tradicional y acceso,
romper la línea de ruptura de intereses entre los pueblos indígenas y el Estado,
para lo cual es necesario tener en cuenta, entre otras, las siguientes
consideraciones:
|
Grafico 1. Esquema de la línea de imposición de
intereses entre los pueblos indígenas y los mercaderes del conocimiento
tradicional y los recursos genéticos.
- [5]Una propuesta de política pública sobre conocimiento tradicional, biodiversidad y acceso a recursos genéticos, respetuosa de los derechos de los pueblos indígenas, debe ser un acuerdo salido del encuentro, reflexión y proposición de médicos y médicas tradicionales, autoridades indígenas, hombres y mujeres mayores, que se reconozcan por sus meritos en conocimiento y por su interés en el rescate, fortalecimiento y transmisión de esos conocimientos y la preservación de la biodiversidad.
- De acuerdo con lo anterior, se debe promover una política de fortalecimiento de la medicina tradicional, del conocimiento asociado a la agrobiodiversidad y un diálogo permanente entre sabios y sabias, con población joven, que permita hacer una valoración del estado actual de la memoria con las ancianas y ancianos, que permita restablecer y consolidar los mecanismos de transmisión de conocimientos, técnicas y valores éticos a las nuevas generaciones de indígenas.
- Además, es necesario generar una corriente de opinión entre las comunidades sobre la importancia que tiene el conocimiento ancestral para la cultura y sobre el hecho que para las multinacionales ese conocimiento representa una opción invaluable de capitalización, sobre el cual no se debe permitir ningún proceso de biopiratería.
- No se puede olvidar que simultáneamente con los procesos de recuperación y transmisión intergeneracional de los conocimientos tradicionales, es clave igualmente generar procesos colectivos de recuperación de la biodiversidad, tanto medicinal como alimentaria y de su uso.
- Parte del proceso de promoción del conocimiento tradicional tiene que ver con estrategias de investigación propia y de intercambio, que permita seguir generando opciones y respuestas a los problemas de salud y alimentarias actuales en los pueblos indígenas.
- Un primer principio a considerar en los esfuerzos de definición de políticas públicas sobre conocimiento tradicional, biodiversidad y acceso a recursos genéticos es que se debe propender por el reconocimiento de la propiedad al unísono sobre lo tangible e intangible en su carácter de bienes colectivos.
- Teniendo en cuenta que nuestra biodiversidad y conocimientos tradicionales tienen unas funciones de consolidación de calidad de vida y manejo sustentable territorial, es importante hacer mejores esfuerzos para diseñar e implementar estrategias de aprovechamiento de ellos, considerando principios como sostenibilidad económica, solidaridad e intercambio, hacia la autosuficiencia y el aprovechamiento multiopcional de los bienes naturales en los territorios indígenas.
- Una política pública sobre biodiversidad, agrodiversidad y conocimiento tradicional, debe enfocarse hacia dinámicas de recuperación y fortalecimiento de nuestros Sistemas Tradicionales de Producción, buscando salir de los procesos actuales de crisis, evitando la llegada de procesos económicos insostenibles, de modo que se restablezcan y mejoren las estrategias tradicionales de gestión territorial a través de las actividades de cacería, pesca, recolección, agricultura diversificada, sistemas pecuarios, transformación y conservación de productos, agrobiodiversidad, culinaria propia, medicina.
- No se puede aceptar bajo ningún punto de vista que la ciencia denominada Etnobiología, siga constituyendo una manera de acentuar y legalizar la biopiratería. Se requiere al respecto que estudios de esa naturaleza den espera a que los pueblos indígenas los definan, los prioricen y se preparen para su realización, siempre buscando que se contemplen todas las consideraciones éticas necesarias para garantizar la soberanía de los pueblos indígenas sobre sus bienes biológicos y los conocimientos tradicionales asociados a ellos, con especial énfasis en nuestra agrodiversidad.
- Un proceso de recuperación y consolidación del conocimiento tradicional indígena requiere de esfuerzos de revaloración propia de dicho conocimiento, de ganancia de confianza, de dinámicas de reafirmación e integración de conocimientos nuevos. El intercambio a nivel de pueblos, la investigación propia y el restablecimiento de los mecanismos de transmisión intergeneracional, son hoy unas necesidades prioritarias de ser abordadas.
- Cualquier acuerdo de los pueblos indígenas en términos de la concertación de una política pública sobre agrodiversidad y conocimiento tradicional, debe tener en cuenta un ajuste de cuentas a favor de los pueblos indígenas por los múltiples actos de biopirateria del que han sido victimas. Lo anterior implica procesos de reversión de patentes, indemnización, pactos de no repetición, entre otras medidas de contingencia.
- Las comunidades indígenas nos debemos demostrar a si mismas que los procesos de pérdida de los conocimientos tradicionales, los recursos genéticos y la agrobiodiversidad, significan muchos males como: dificultades para garantizar los medios propios de atención de las personas enfermas; desconocimiento de las formas en que la gente puede obtener sus alimentos y otros bienes naturales sin necesidad de destruir el medio natural; la pérdida del manejo y conservación de los recursos genéticos alimentarios que lleva a la dependencia de alimentos de fuera del territorio, que vulneran nuestra autonomía alimentaria.
[1] Resguardo
Indígena Zenú de San Andrés de Sotavento, Córdoba y Sucre, Colombia. ¨Reglamento interno para el control del
territorio, la biodiversidad y el conocimiento tradicional, y frente a la
introducción de semillas y alimentos transgénicos¨. 1° ed. Bogotá, 2011.
[2] GRAIN
(Acción Internacional por los Recursos Genéticos), Centro Internazionale
Crocevia, The Swedish Society for Nature Conservation y Bread for the World.
Proyecto Cultivando la Diversidad. Enero de 2000.
[3] Toledo, Víctor M. y Narciso Barrera-Bassols. 2008.
La memoria biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías
tradicionales. Ed. Icaria, Barcelona. ¨La diversidad exalta la variedad, la
heterogeneidad y la multiplicidad y es lo opuesto a la uniformidad. Desde una
perspectiva termodinámica, el orden, que es la complejidad que existe en el
universo, aumenta proporcionalmente con la diversidad, un principio que es
expresado dentro de la llamada Teoría de la Información. Por esta razón, la
evolución cósmica postula que la variedad aumenta a medida que aumenta el
orden. La historia de la Tierra ha sido, en general, una muy larga historia de
diversificación, y este proceso se ha producido a diferentes escalas, ritmos y
períodos de tiempo¨.
[4] Ibidem. ¨ La diversidad cultural incluye, a su vez, tres
modalidades de heterogeneidad: la genética, la lingüística y la cognitiva.., en
tanto que la diversidad biológica suele expresarse en cuatro niveles: el de los
paisajes (naturales), el de los hábitats, el de las especies y el de los
genomas¨.
[5] Zapata,
Omar. (2011). Informe: Ideas y conceptos para el análisis y
la incidencia en políticas sobre conocimiento tradicional y acceso a recursos
genéticos, desde las comunidades indígenas: El conocimiento tradicional en
disputa. ONIC: Convenio ONIC – Aecid – Mundubat; Bogotá, pgs. 7 – 8.

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